La pregunta que más escucho antes de una primera sesión boudoir es la misma: no sé si voy a saber estar. Te adelanto la respuesta: no tienes que saber estar. Ese es mi trabajo.
Llevo desde 2016 acompañando a mujeres y hombres en sesiones boudoir en Granada, y a parejas. Cada vez que alguien me escribe con esa duda, me acuerdo de la primera vez que alguien confió en mí con la suya. Lo que sigue es lo que me gustaría haber leído antes de esa primera sesión.
Empieza por una conversación
Todo empieza sin cámara. Una conversación larga sobre ti, sobre lo que buscas y sobre las dudas que tengas. No se habla de poses, se habla de cómo te sientes. Es el momento de decir lo que no quieres, y también lo que te apetece probar.
De esa conversación sale una guía sencilla: qué ropa tener a mano, a qué hora queda mejor la luz y qué esperar el día de la sesión. Nada de listas eternas.
La ropa no es un examen
La regla es simple: lleva lo que te haga sentir tú. Puede ser lencería nueva, una camisa que ya tienes, un jersey suave o ninguna de esas cosas. En la sesión probamos combinaciones y decidimos juntas sobre la marcha.
Lo que de verdad importa es que te reconozcas. La foto no es un disfraz, es una manera de mirarte.
El día de la sesión
El espacio es privado y tranquilo. Solo estamos tú y yo, y nadie más entra. Hay música, hay calma y hay tiempo. Yo te voy guiando con indicaciones naturales, nada de contorsiones raras ni poses que duelen.
Puedes parar cuando quieras, cambiar de idea cuando quieras y decir no en cualquier momento. La sesión es tuya de principio a fin.
Después, las fotos
Primero eliges tú. Ves la selección y decides cuáles quieres, y las que no te representan no existen. No se publica nada sin tu permiso escrito. Si algún día quieres compartir alguna, decides tú cuál, dónde y cuándo.
El retoque es natural. La idea no es cambiarte, es que te reconozcas en la luz.
Lo que no te han contado
La mayoría de mis clientes salen de la sesión diciendo lo mismo: no era tan difícil. Resulta que el cuerpo no es el problema. El problema era la voz que decía que no era suficiente. Esa voz se queda fuera del estudio.
Si estás pensando en una sesión boudoir, ya has hecho lo más difícil: pensarlo. El resto es una conversación y una tarde tranquila en Granada.